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«Con toda justicia se da el nombre de «Autobiografía» al relato que presentamos, porque la reproducción de sus palabras es tan fiel, que es como si él mismo las hubiese escrito, sin embargo San Ignacio no escribió propiamente una Autobiografía. Como buen vasco era poco amigo de hablar mucho de sí mismo y de sus cosas.

Más, estando ya de edad avanzada y con su salud muy quebrantada, algunos de sus primeros compañeros, especialmente el padre Jerónimo Nadal, le instaron a que les narrara “el modo como Dios le había dirigido desde el principio de su conversión, a fin de que aquella relación pudiese servirnos a nosotros de testamento y de enseñanza paterna”.
Reiteradamente Ignacio se excusó, alegando que no se lo permitían sus ocupaciones. Así, durante cuatro años, se resistió a hacerlo. Finalmente llamó un día al padre González de Cámara y comenzó a contarle los pormenores de su vida, quien luego inmediatamente los escribía. El mismo González de Cámara anota: “el modo que el Padre tiene de narrar es el que tiene en todas las cosas, que es con tanta claridad, que parece que hace al hombre presente todo lo que es pasado, y con esto no era menester preguntarle nada”.

La narración fue interrumpida en varias oportunidades y por largo tiempo; la última conversación tuvo lugar en octubre de 1555. Se detiene antes de la aprobación de la Compañía, quizás porque el resto ya era conocido por los demás compañeros.»

 

  • Publicación con retiro en Edificio (Lord Cochrane 110, 2do. piso), previa coordinación.

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